
Lo que puede ser interesante en la escritura de Gombrowicz hoy en día, en la época del populismo, es su reflexión sobre el choque entre la cultura de la metrópoli y la de la provincia. Originalmente lo observó e interpretó en su cultura materna polaca y después en Argentina. Es estupendo que países tan lejanos y culturas tan distintas puedan ser comparados desde el punto de vista de las pretensiones (y frustraciones) provinciales hacia las culturas de la metrópoli. En su opinión (en Viajes en Argentina), intelectualmente, Argentina es una provincia enorme, “es casi una colonia francesa”. En otro lugar (en su Diario), escribió que la cultura argentina es secundaria e impotente debido a su deseo constante de estar al “nivel europeo” y “hacerse famosa en París”. Los artistas argentinos – dice – no quieren expresar, en sus obras artísticas, sus dolores nativos y sus propias pasiones, sino demostrar que son “como los europeos” y que en Buenos Aires, hacen las mismas cosas que se hacen “en las metrópolis del mundo”. Esa es la razón real por la que esa cultura depende tanto de las culturas con las que los argentinos se comparan.




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